viernes, 22 de febrero de 2019

Cunpleaños feliz Sopetrán, en tus cuatrocientos tres años de vida.


Con ocasión del los cuatrocientos tres años de la fundación de nuestro pueblo, como no soy una persona muy distinguida, ni me acompaña ningún título de autoridad, le puedo regalar a mi ciudad, este interesante escrito.

UNA LARGA HISTORIA DE CONTAR, CON EL SOPETRAN DE MIS AMORES.

Hubo una vez, un lugar de la tierra a orillas del Río Cauca, en las vegas que hoy conocemos con el nombre de la Florida y los salados de Córdoba, una gran familia de americanos que se estableció en ese lugar para vivir cómodamente, por espacio de unos mil años, antes de la llegada de Cristóbal Colón a éstos lares.


Las causas más probables de su ubicación en este espacio, fueron: La belleza del paisaje; la facilidad para compactar la sal, por medio de la evaporación del agua; la fruticultura silvestre, que se veía fácil de administrar; la cacería en abundancia, dada la gran cantidad de bosques naturales, que pertenecían a la categoría de bosque seco tropical; el emporio de la pesca, por la cantidad de grandes quebradas y ríos; y la tranquilidad propia del lugar por la falta de competencia, con otras familias, que garantizaba la ausencia total de los enfrentamientos y las guerras.


Todo parecía sonreír a estos humanos y empezaron a progresar aceleradamente: Su economía era muy próspera y en ella manejaban el sistema de trueque, con las tasas de interés incorporadas; cifraban su alimentación en la parte vegetariana, pero incorporaban las carnes de monte y  pescado a sus dietas, que los hacían: hombres con mucha fortaleza y una gran capacidad para montar las ciencias y la tecnología de la época; su agricultura, montada en el cultivo del maíz con sus siete especies: Blanco, negro, amarillo, de leche, de arroz, pira y pintado, la yuca, el plátano, el tomate, las frutas, las calabazas y las plantas de aliño; sus ganados, los venados eran manejados con mucha cautela, para que la especie, no se extinguiera y solo el cacique, concedía los permisos especiales a cada familia, respecto al sacrificio de estos animales; sus armas las más sofisticadas del momento, eran concepciones perfectas para mantener el cacicazgo entre las tribus vecinas: Hondas, jabalinas, macanas, hachas de piedra y de madera; los venenos se fabricaban a base de plantas y animales y su punto de ebullición se constataba, cuando la persona anciana que los cocía, moría por efectos de los gases tóxicos; medidas a la altura de las circunstancias, como el palmo, el pié, la mano, la pulgada, la cuarta, el jeme, la vara, la yarda, el brazo, la braza, y una medida de capacidad importantísima: El aba, algo así como una pucha o medio litro; sus herramientas, a base de piedra, eran modelos de trabajo, como el garabato que servía de arado, las tarabitas para hilar, las ruecas, las lascas o bisturíes del momento, las ollas de piedra y de cerámica y una cantidad de elementos que hacían las delicias de toda la tribu.


 Su religión, una mezcla de muchas culturas, por aquello de que descendían de invasiones, naufragios y todo tipo de peripecias prehistóricas, la cual fue exterminada por los españoles a sangre y fuego, dizque para montar una mejor secta, la Católica, llena de defectos y adversidades; sus creencias en la eternidad del alma, la existencia de un Dios, que cuidaba de sus hijos y los quería, la ley natural normal, en donde se prohibía: Matar, robar, hablar mal del prójimo, no desear sus bienes y todas aquellas cosas que un ciudadano de bien debe cumplir, cuando vive en sociedad; su idioma, un dialecto con todas las de la ley, que fue desaparecido de la faz de la tierra, porque el español, según decían, era más bonito; sus artes, que fuera de la alfarería y la costura, tenían la música y la construcción de instrumentos, como: los tambores, las maracas, los timbales y las flautas y ocarinas que hacían de barro, de madera y otros materiales; sus viviendas subterráneas, construidas con la mejor tecnología, a las que nosotros llamamos hipogeos; sus ciencias más avanzadas, como la astrología, la meteorología y una aritmética rudimentaria; y su cultura, llena de vivencias de todo tipo, que deslumbraron a Colón y a su equipo de maleantes.



En esta etapa de la prehistoria, la educación estructurada, solo se daba a los hijos varones de las familias importantes, porque según ellos, las mujeres solo eran hábiles para las labores domésticas y la crianza de sus hijos. Recuerden que había cinco rangos o grupos en esas sociedades: Caciques, Zaques, Jeques, Brujos y vasallos.


Cultivo de maíz.
Si hablamos del cacique, que de ninguna manera se llamaba Petrán, porque no existen registros históricos que así lo ameriten, era Zuburuco o Zubsabaruza, como otros lo registran en los libros de historia, era un hombre increíble, por su fortaleza y por su amor a sus vasallos, capaz de cuidar con celo, toda su jurisdicción que comprendía: Peque, Sabanalarga, Olaya, Sopetrán, San Jerónimo y Ebéjico. De este cacique dice la historia, que era tan aguerrido, que ningún español se atrevía a pisar sus dominios, circunstancia que motivó al rey de España, a adiestrar cinco perros bravos, que luego mandó con esta orden: Búsquenle pleito y déjenlo que pelee con los perros, los cuales se lo comieron a mordiscos.
También es importante decir: Que somos Americanos, no Indios, por aquello de que Cristóbal Colón, tuvo un pequeño error, cuando llegó a las Antillas menores y creyó que estaba en la India y por eso nos bautizó con el nombre de Indios, que de ninguna manera se puede aplicar a nuestra raza.
El pueblito en donde vivían, que estaba constituido por unas dos mil personas, se llamaba: LAS GUAMAS, según dice Don Manuel Uribe Ángel en su libro: Historia del departamento de Antioquia.


Salado de Córdoba, cavado por los aborígenes.
Con la llegada de los españoles a nuestras tierras de Córdoba, terminó la prehistoria y nos metemos en el cuento de la historia universal. El Primero en llegar parece que fue el Señor Francisco Herrera Campuzano, que venía con las funciones de Gobernador de Antioquia y Oidor de la Real Audiencia, el máximo organismo de control, de las actividades de la colonia española.


Cuál sería su sorpresa, cuando piso las tierras de Córdoba y se encontró con una población pujante, organizada, pacífica y receptiva. Era la coartada precisa, para montar allí un pueblito español y apoderarse del emporio de riquezas, que estos nativos poseían y de inmediato, procedió a fundar aquello que conocemos en los libros de historia, como: Viceparroquia de nuestra Señora del Saladito de Córdoba, acto que se realizó el 22 de Febrero de 1616, a las ocho de la mañana, en medio de una misa muy solemne y luego viajó a las tierras del sur y fundó la ciudad de San Jerónimo, en las horas de la tarde.
No sobra decir que con la fundación, se montaba una viceparroquia; un cura doctrinero,  como se les decía en la época: El Padre Rodrigo de Santander; unas familias españolas, que se posesionaran como dueños absolutos de todo lo que había, incluyendo a los aborígenes, como propiedad de los grandes señores.


A pesar de todas estas adversidades, el pueblito funcionaba en buenas condiciones, pero los aborígenes esclavos, no daban  la medida en el trabajo, por aquello de que los españoles, tenían la falsa creencia de que sus esclavos eran mulas de carga y no necesitaban el descanso. Esta circunstancia, originó el suceso más escandaloso de la historia medieval: La traída de los Negros del África, para ser vendidos como esclavos a sus majestades, los españoles.


Hay un relato del historiador Santafereño, Don Miguel Martínez, en el que se cuenta que el lienzo de nuestra Señora de Sopetrán, una virgen de origen Español, había sido contratado en la ciudad de Antioquia y que fue traído a Córdoba, el 14 de Agosto de 1616, por el camino del paso real, la finca la brujo y el camino que del Rodeo conduce a Córdoba, por donde corre el arroyo de la quebrada la Batea.
Hubo un censo de población de esa época, que narra con pelos y señales, la cantidad de habitantes del caserío, en los siguientes términos: 260 blancos; 440 mestizos; 510 aborígenes; 750 mulatos y negros; 190 esclavos; para un total de 2.150 habitantes.
Hubo algunos aborígenes destacados en el Gobierno de nuestro pueblo, entre ellos están: Luís Ortega, que fue protector de los Indios; Francisco Amazará, que fue Gobernador en 1635; Diego Cisquiarcoo, que gobernó en 1756; Basilio que gobernó en 1797; el Indio Yotagrí y Rafael Oquendo, también gobernaron unos días.


Por esa misma época, se presentaron dos circunstancias infortunadas, que cambiaron el rumbo de la historia, para el pequeño caserío que había fundado Herrera Campuzano: Los hijos de los grandes Señores, se estaban enamorando de los aborígenes y de los Negros que habían traído del África y los Españoles, celosos de que su gran raza, no fuera a dañarse por la fusión con otras razas, según ellos, menos importantes; y el hecho, también muy peligroso de que los mosquitos, estaban picando a los colonos y les producían las fiebres malas, es decir: Paludismo, dengue, tifoidea, y fiebre amarilla; hicieron que el poblado fuera trasladado al lugar que hoy ocupa, más o menos en la década de los años setenta del siglo XVIII y es así como aparece la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Sopetrán, que en el siglo XIX se convirtió en el municipio de Sopetrán, después de la mitad del siglo.


Estas circunstancias, obligaron a los españoles a trasladar el pueblo, para el lugar que hoy ocupa y en esta fecha, 31 de Diciembre de 1657 el Gobernador, Don José Barón de Chávez, le concedió el título de Municipio, por un acuerdo entre los patronatos real y diocesano.
En el año de 1678, el Gobernador Arquitecto, Don Juan Buesso de Valdés, diseñó los planos, para la construcción del templo que hoy es la mejor joya arquitectónica que poseemos y en él se trabajó, por espacio de muchos años, dada la razón de que sus tapias, son de tierra pisada y que tienen una altura, de diez metros y un ancho de un metro.
En sus principios, la construcción lucía, como los grandes templos de la vieja Grecia y el frontispicio, terminaba en el remate triangular que hoy está debajo del reloj, pero en los primeros años, del siglo XIX, dos familias importantes de la localidad, los Sevillano y los Dávila, regalaron los dineros para la construcción del sófito en donde está el reloj y las torres y la construcción fue inaugurada el 22 de noviembre de 1882.


Una circunstancia desafortunada, protagonizada por el Virrey Solís Folk de Cardona, acabó con los aborígenes Sopetraneros: El 24 de Enero del año 1757 ordenó que llevaran los aborígenes Sopetraneros para el resguardo de Buriticá, porque allá producían oro y nosotros solo aportábamos sal y frutas, pero como los de ese resguardo eran antropófagos, se comieron a los nuestros asados; cuando el Virrey se dio cuenta de su error ordenó traerlos nuevamente y solo regresaron los 34 más ancianos, porque su carne no servía para el consumo humano, dada la característica de que la carne humana vieja, no cocina bien.


Pero analicemos los acontecimientos que se desenvolvieron en el espacio de los años que tiene el nuevo caserío.
El gobernador de Turno, de origen español, Buelta Lorenzana, recibió una queja de un gran terrateniente español, que había comprado a la Real hacienda, los derechos para el cultivo del tabaco, el Señor Domingo Antonio Viana, que pedía respeto por su compra, pues los nativos seguían cultivando tabaco clandestinamente y él sentía muy desmejoradas sus finanzas.


El gobernador ordenó arrancar todos los cultivos ilícitos y quemar todas las semillas, para que Viana pudiera enriquecerse. Esto prendió la mecha de quinientas familias que vivían de esos menesteres y el 20 de Septiembre de 1781, los parajes de la Nuarque, el tablazo, el Rodeo, la Miranda, Río arriba, quebrada seca, Sacaojal y el pueblo de Sopetrán, reunieran ochocientos hombres, armados de picas, palas, machetes, cuchillos y todo tipo de armas convencionales, capitaneados, por el liberto Juan de Lastra, se reunieran en la placita del Rodeo y caminaron hacia la población de Sopetrán a reclamar. Cuando las autoridades vieron ese furioso ejército, se plegaron y capitularon, pero cuando los ánimos estaban aplacados y ya no había forma de protestar, fueron apresados uno a uno y luego los fusilaron, para que sirviera de ejemplo a las nuevas generaciones. A esto se le conoce en la historia, como los comuneros de Sopetrán, que casi ningún historiador menciona.
La economía de este período histórico, se pudiera centrar, en: La agricultura con un sesenta por ciento de los habitantes; la ganadería con un veinte por ciento; y las pequeñas industrias, como: la fabricación de esteras, sombreros y alfarería, con un diez por ciento.
En la época de la independencia, de la república, nosotros jugamos un papel importante, pues uno de los héroes de ella, nació en nuestras tierras: Atanasio Girardot.


El hecho histórico, es casi indemostrable, porque su Madre tenía problemas para el nacimiento del niño, en Santa Fe y por esa razón, su médico de cabecera ordenó el traslado a la ciudad de Medellín, pero dicen las malas lenguas, que pasando el Río Cauca, en el paso real, la Señora se descompuso y tuvo al niño, el cual fue asistido con su Madre en la finca Corral Falso, que todavía existe. Recordemos que solo fue bautizado a los trece días de su nacimiento y esto era imposible en la colonia, porque a los niños recién nacidos, había que sacarles al demonio, en el mismo momento en que nacían, por medio del bautismo.
Santa Fe de Antioquia dice que es su hijo, porque sus padres vivían en esa ciudad y allí lo engendraron; Nosotros sostenemos que nació en nuestro territorio; y San Jerónimo argumenta que fueron atendidos en una vieja finca, jurisdicción de su municipio. Claro está que lo peleamos, porque fue un héroe, pues si fuera barranquilla, nadie se lo estaba peleando.


También es bueno hablar de que en el gobierno federal del Doctor Mariano Ospina Rodríguez, Sopetrán fue capital de un departamento o cantón, como también se les decía, y tuvo bajo su mando los municipios de: Sabanalarga, Liborina, Olaya, San Jerónimo, Ebéjico y Belmira y es bueno aclarar que de esa fecha, año de 1851, hacia adelante empezamos a figurar como un verdadero polo de desarrollo municipal.
En el año de 1875, la ciudad fue conectada a la línea telegráfica nacional.
En el año de 1913, estrenamos la primera planta de fluido eléctrico.
La educación como tal, funciona desde el año de 1850, cuando Don Nepomuceno Villa, en su casa, la actual casa parroquial, preparaba a los jóvenes, para que fueran a cursar sus estudios a la ciudad de Medellín. Y en pleno siglo XX, nos caracterizamos por tener una buena cantidad de establecimientos educativos, a tal punto que se puede afirmar, que la cobertura es casi del cien por ciento. Esto lo hemos logrado, gracias a la mediación de muchos hijos ilustres que tiene la ciudad y que han ocupado cargos públicos muy representativos.


También es bueno aclarar que los colegios de enseñanza secundaria, como la Normal Santa Teresita, el colegio José María Villa y las concentraciones rurales, como Horizontes, el Rodeo, Montegrande y Santa Bárbara, son obras nacidas en el siglo XX y se perfilan como buenos centros de educación a nivel del Departamento
Este siglo, fue de mucha prosperidad, porque el poblado creció a nivel de su plano urbano, con cinco parcelaciones, a saber: Campiñas de la Cabaña, Castillos de occidente, el Porvenir, el Barrio Obrero y Llano nuevo; de su comercio, porque somos testigos del crecimiento acelerado de los comercios que pululan en todas las vías;  su cultura,  porque la fundación de la casa de la cultura, ha abierto las posibilidades de tener semilleros  de muchas disciplinas; sus finanzas porque vemos con agrado que nuestro presupuesto de rentas y gastos, mejora cada año;  y aunque seguimos siendo grandes productores de frutas, hemos decaído en esta disciplina, porque vendimos nuestras mejores tierras a los extranjeros y ellos montaron en esos terrenos sus fincas de recreo.


Otro aspecto muy importante de narrar, es el hecho de que tuvimos una gran prosperidad a nivel de las fábricas de textiles, y en ellas estaban colocados unos 300 Sopetraneros; pero dicha sea la verdad, la crisis monetaria mundial y la devaluación del dólar, han acabado con nuestras ilusiones, porque las madres cabeza de familia, que vivían de esos menesteres, se quedaron sin sustento.
Para esta época, los porcentajes de los pilares de la economía, cambian un poco, así: Agricultura, un cincuenta por ciento; ganadería un diez por ciento, industria textil un veinte por ciento; industria de la construcción diez por ciento; y turismo diez por ciento.
La violencia, también fue una de las grandes protagonistas del siglo, porque en el año de 1948, después de la muerte del caudillo del pueblo, el Doctor Jorge Eliecer Gaitán, se desató una racha de problemas, debidos a la mala formación política de los ciudadanos, que se aferraban a colorcitos politiqueros y por esa razón , se dedicaron  a matarse entre hermanos y esa gran peripecia, causó la violencia que aún vivimos, primero con las guerrillas y luego, con otros grupos al margen de la ley, que se disputan el mando y no han podido lograr un acuerdo.


En el siglo XXI, es importante hablar de una decisión histórica, que tomó nuestro Alcalde, el Doctor John Wilmar Villa Guerra, de adoptar la cátedra Municipal Sopetranera, como una de las materias del currículo, porque vamos a lograr que nuestros niños y jóvenes, se metan en el cuento de saber la historia, la geografía, la ecología, las ciencias naturales, la tradición oral, las costumbres y todo aquello que tiene que ver con nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia.
Con esta decisión, nuestro alcalde ha roto la cadena de la desinformación que tenían siete u ocho generaciones de ciudadanos y vamos a llegar a la ambición que lo acompaña: Que todos sepamos contarle a los turistas, los intríngulis de nuestra civilización.


Los parámetros de la economía, en este siglo, muestran otras cifras: Agricultura, un cuarenta por ciento; ganadería, un ocho por ciento; industria textil, un diez por ciento; turismo un doce por ciento; construcción, un 10 por ciento; desocupados, veinte por ciento.
Resulta paradójico, que queriendo mejor la calidad de la educación, la estemos arruinando; porque todos los docentes, tratando de ser mejores, con sus prácticas pedagógicas y didácticas, están buscando todo tipo de títulos universitarios, como: Licenciaturas, posgrados, Magíster, etc. Pero lo hacen en el tiempo de sus alumnos y mientras eso ocurre, ellos entretienen el tiempo en consultas sin sentido, en la internet y en otros medios. Pero lo más grave, es la degeneración del buen propósito de ser excelentes maestros, que se ha convertido en buscar títulos, para obtener mejores categorías y con ellas, aumentar sus entradas financieras.
Esperamos, que solucionados los problemas que estamos viviendo, podamos seguir nuestra meta colectiva de la historia y logremos ser el conglomerado perfecto que albergará, según dicen muchos sabios, un número muy ambicioso de ciudadanos, por aquello de ser una ciudad dormitorio, que solo dista de la capital, 38 kilómetros; un centro internacional de turismo, porque tenemos: Elementos arquitectónicos, arqueológicos, ecológicos, históricos y culturales, que nos ponen entre los mejores destinos del país, acompañados de una buena infraestructura hotelera y la mejor buena voluntad de nuestras autoridades y ciudadanos, para lograr que los visitantes, disfruten de las maravillas de nuestro terruño.
Sopetrán, fue, es y será, la gran ciudad construida en rocas firmes, como lo anuncia su nombre, Super Petran, Ciudad montada sobre rocas muy finas y tal vez muy preciosas como lo anuncia el nombre de nuestra Virgen: Sardónico, Ópalo, Perla, Esmeralda, Topacio, Rubí, Amatista y Ninfeo.

Sopetrán, Octubre 2 del 2012.
   DARÍO SEVILLANO ÁLVAREZ.

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