martes, 26 de septiembre de 2017

El voto en blanco, la mejor alternativa.


El pueblo colombiano está cansado de votar por ciudadanos que no los representan y que se dedican a acabar con los bienes del estado.


El pueblo colombiano, está cansado con sus políticos; con las instituciones legislativas, como el congreso, las asambleas y los concejos municipales; con las famosas cortes que se están llenando de magistrados indecentes; con la alcaldes populares elegidos por voto; y con los empleados de las grandes instituciones como: Las fiscalías, las procuradurías y las contralorías, que han dejado de ser los entes de control del estado, y se han convertido en los alcahuetes más importantes, de los miembros corruptos que manejan las entidades estatales.


Colombia es un país con unos cincuenta millones de habitantes aproximadamente, de acuerdo con las cifras que da el departamento administrativo nacional de estadística DANE, de los cuales 32.9 millones de habitantes, están capacitados para ejercer su derecho al voto y hasta el momento de las elecciones del 2014, se acercaron a las urnas solo 14.2, millones, que según anunciaban algunos analistas políticos, era una cifra muy importante de votantes.
Es muy peligroso para un país, que solo un 30% de la población, sea la que decide quienes van a ser sus gobernantes.
Con esta actitud, el país está anunciando que somos un ente territorial, que no tiene la intención de patrocinar a su clase política.


Se han preguntado alguna vez:
¿Qué estará pasando con el pueblo colombiano, que no le gusta involucrarse en el derecho de elegir a sus gobernantes y miembros de las corporaciones públicas?
Creo que tengo la respuesta a esta interesante pregunta:
Colombia es un país abstencionista, que no respalda con sus votos a los gobernantes y este es un elemento esencial de la vida democrática, que los colombianos, no queremos creer en él, porque no lo encontramos necesario para sentirnos ciudadanos importantes, porque los ciudadanos que aparecen en las listas, no llenan nuestras expectativas.
Los cuadros estadísticos que comparan a Colombia con otras naciones del continente americano, muestran a las claras que somos tal vez unos de los países menos entusiastas con esta disciplina.

Pero si aplicamos las norma filosófica: Causa versus efecto, tenemos que entender que los colombianos estamos decepcionados de la clase política y de todo lo que tenga que ver con sus personajes.
Analicemos con mucho cuidado los acontecimientos políticos de los últimos treinta años, en que los colombianos nos saturamos de todo tipo de calamidades producidas por los malos gobernantes, que nos tienen sumidos en la más terrible de las desgracias.
 Si miramos la economía que día a día, acaba con nuestro poder de compras; que en cada legislatura presidencial, se montan dos o tres reformas financieras, que en vez de desmontar impuestos, los aumentan; en un país, que se da el lujo, de mantener las clases sociales menos protegidas, en un estado de inanición, porque los aumentos del salario mínimo, se hacen sin pensar en la familia, que es el elemento básico de cualquier sociedad que se respete; mientras que a las vacas sagradas de las grandes corporaciones públicas, se les permite el aumento de sus dietas, en cantidades desorbitantes, que se chupan el presupuesto de la nación, fuera de todos los dineros que se echan a sus bolsillos, de cuenta de los desfalcos al tesoro público, con los que diariamente nos bombardean.


 Aunque esto no pasó, hubiera sido un buen consejo.



Con un sistema de salud  que en vez de progresar, momentánea mente pierde capacidad para atender  a los más pobres; con todas las E.P.S. quebradas y con todos los hospitales y clínicas en apuros porque las divinas E.P.S. no les pagan y cada día las deudas son más altas y con menos oportunidad de cubrirlas; porque cada que el estado refinancia el sistema, no faltan los ladrones de cuello blanco, que se roban el dinero de todos, con un cinismo, que produce todo tipo de sentimientos de angustia y desolación.


Si miramos las entidades que manejan los dineros que los ciudadanos hemos cotizado, para tener derecho a un vejez placentera, cada que los refinancian, tres o cuatro vacas sagradas que los manejan, los desfalcan; y este mal, no permite que los ancianos, puedan disfrutar de una edad dorada, adecuada a sus necesidades y la peor circunstancia es que a estos criminales, los benefician, pagando sus condenas en medio de las mejores comodidades.

De las 1.122  alcaldías de la república, más de un sesenta por ciento, están quebradas, o en muchos apuros financieros, porque los reyezuelos, llamados alcaldes populares elegidos por voto, se las han chupado; y como cosa curiosa, los investigados o condenados por estos delitos, representan un bajo porcentaje de esos criminales, porque las cuentas resultan claras y hay de aquellos que se atrevan a criticarlos.


Las grandes cortes del país, están desprestigiadas, porque sus magistrados, corruptos y deshonestos, acabaron con ellas, dada la razón, de que los demonios de la politiquería barata y peligrosa, y su majestad el dinero, se apoderaron de sus personalidades, como anunció el Papa Francisco, en su reciente visita; cuando les dijo a los religiosos: El demonio se entra por el bolsillo; y yo agregaría: Que la politiquería barata y el clientelismo politiquero, acaban con cualquier ente gubernamental, en menos de lo que creemos.


El acuerdo de paz con los demonios de las FARC, nos está costando a los colombianos, la bicoca de unos cincuenta o sesenta billones de pesos, por anunciar una cifra numérica; porque si nos metemos en los intríngulis de ese peligroso paseo, los gastos se pueden complicar; amen de las peligrosas consecuencias que esta desmovilización, nos va a causar, por muchos años.


La bendición del santo más santo de Cuba Libre: San Raúl.

Al darle una mirada al caso de Odebrecht, nos tenemos que signar y santiguar, para que Dios, nos libre de todo mal y peligro, porque en esta olla hay demasiados elementos, para hacer un buen sancocho de fastidiosos, empezando por el primer mandatario, que según la opinión del Fiscal general de la Nación, esta enmermelado, y si tuviera un poco de dignidad, debiera haber renunciado, para que procedieran a investigarlo.


 Analicen con mucho cuidado este cartel, en donde los que están en círculos rojos, están pagando condenas; los que tienen un círculo oscuro, están siendo investigados; y solo sobreviven los que están en círculo verde, pero de un momento a otro, puede saltar la liebre y todos resultaran contagiados de este peligroso virus.
Si damos un vistazo a las curules del mal llamado: Honorable Congreso de la república, en cualquier lugar del planeta, se estarán horrorizando, porque no hay una razón técnica que justifique, la presencia de 102 Senadores y 166 representantes, para un total de 268 vacas sagradas que lo único que saben es desangrar el presupuesto nacional; claro está, que en estas cifras no están incluidos los servidores que cada miembro tiene por derecho propio.


Me parece que para realizar lo que hacen con dos senadores y dos representantes, por cada departamento, serían suficientes y el presupuesto mejoraría notablemente; este equilibrio de cargas económicas estaría en manos de unos 66 personas, que corresponden a los 32 departamentos y el distrito especial de Bogotá y se podrían agregar, cuatro miembros más para que representaran a las comunidades ancestrales, los afroamericanos y las demás etnias, que tienen este rango.
Esta reforma nunca se ha podido hacer, porque como son ellos los que la tienen que aprobar, ninguno quiere perder fortaleza; y cada que han pensado en ella, la mandan al rincón del olvido; pero si los electores primarios que somos los que en primera instancia, sostenemos el andamio democrático del país, nos reveláramos y en las elecciones para esa corporación, no saliéramos a votar, el asunto cambiaría de rumbo y los honorables verdugos de la Patria, se tendrían que someter a las reglas del juego.
Por todos los planteamientos que he formulado, el fenómeno del abstencionismo resulta un problema significativo para los gobiernos en una democracia que se autoproclama como participativa, pero que en la realidad no tiene el menor asomo de serlo.
¿No creen ustedes que podría ser más efectivo votar en blanco, que no votar?
Porque con esta actitud, les estaríamos diciendo a los honorables sinvergüenzas, que no los queremos; que no los respaldamos; que no los necesitamos; que son un estorbo público, para el manejo de nuestra democracia; que no queremos saber de ellos y que se larguen, para donde no los volvamos a ver.
Seguidamente les voy a explicar en una forma muy didáctica, lo que significan:
El voto en blanco; el voto nulo; el voto común y corriente; que es la barrera electoral; y cuáles son las diferencias entre el voto nulo y el voto en blanco.
Antes de seguir escribiendo, les voy a mostrar un solo ejemplo, de que los políticos colombianos, son los mismos, con las mismas, en los últimos treinta años y que por esa razón, debemos sacarlos del ámbito político a las buenas o a las malas, para que se acabe la famosa mermelada.
La única fórmula efectiva para sacarlos del parche, es votar en blanco, para que se den cuenta que no los necesitamos; que están estorbando; que están acabando con el país y que necesitamos sangre joven y de distintas dinastías, para que nuestro país vuelva a ser la Colombia que antiguamente conocimos.
Este es un escrito que me encontré, en un artículo que titulaban: Voy a votar en blanco.


“Hay una clara disposición en los partidos colombianos a abrirle la puerta a los hijos de sus caciques y a ponerlos en lugares de prominencia. El caso más aberrante es el del Partido Liberal. En las anteriores elecciones para Congreso, la cabeza de lista para el senado era el hijo del político Luis Carlos Galán y la cabeza de lista para la Cámara el hijo de César Gaviria. Luego, en las elecciones para el Concejo de Bogotá, el cabeza de lista fue el hijo de Horacio Serpa.
En estas elecciones, en las que Horacio Serpa va como cabeza de lista al Senado, Juan Manuel Galán repite como candidato y probablemente repita como senador. Su hermano Carlos Fernando es la cabeza de lista para el Senado de Cambio Radical. Yo no sé de ninguna diferencia de opinión sustancial entre estos dos candidatos. En realidad, no me parece ninguno de ellos represente nada sustancial.
En la lista del Partido Liberal figura Juan Luis Castro Córdoba, quien parece que recogerá el caudal electoral de su madre, Piedad Córdoba. El hijo de otro político inhabilitado también busca llegar al Congreso como candidato del Partido Liberal: Juan Carlos Losada, quien podría beneficiarse del apoyo de otros miembros de su familia también políticos.

Quien crea que las cosas son distintas en la Alianza Verde se equivoca de cabo a rabo. La lista para la Cámara incluye a Eduardo Garzón, hijo del deslucido político ‘Lucho’ Garzón, en cuya administración, según declaraciones del exconcejal Wilson Duarte, “comenzó el carrusel de la contratación.” Pero no todos los candidatos a la Cámara de los Verdes son de la misma estirpe. Inti Asprilla, hijo del Secretario de Gobierno del Alcalde Gustavo Petro, decidió ser candidato luego de la sanción impuesta a su padre.
Así las cosas, el término “clase política” empieza a tomar entre nosotros un sentido distinto. Estamos pues ante el fenómeno de una clase que detenta los medios de producción del voto y que, gracias al control sobre esos medios, perpetúa su condición de tal. Lo peor para la izquierda o centro-izquierda o cualquier otra etiqueta se quieran denominar quienes hablan de justicia social, igualdad de oportunidades, etc., es que sus partidos políticos hagan exactamente lo contrario de lo que preconizan. En un partido de izquierda o centro-izquierda decente, los liderazgos no deberían ser hereditarios; las candidaturas no deberían ser endosables a los familiares ni a nadie. Pero no, tal no es el caso.

Que yo sepa, en el Polo Democrático Alternativo no hay delfines. Iván Cepeda es hijo de un político, pero no se ganó su lugar en la lista del Polo con su apellido sino con su trabajo con víctimas de violaciones a los derechos humanos. Su perfil es muy distinto del de todos los anteriores. Y, sin embargo, está en el que considero el peor partido de izquierda que pueda haber hoy en Colombia. Lo mismo le sucede a otro gran candidato en la lista al Senado que no tiene nada de delfín: Rodolfo Arango.
A Rodolfo le pregunté acerca de la forma en la cual su partido asignó los renglones en la lista, en particular, acerca de la forma en la cual decidió acerca del cumplimiento de la ley de cuotas y el lugar de las mujeres en la lista del Polo. Me dijo que le preguntara al Secretario de su partido. A mí esa respuesta no me satisface. Me parece que es el reflejo de la falta de compromiso del Polo con la demanda de mejoramiento de la posición de la mujer en los cargos de responsabilidad política. Gracias a la izquierda, en la mayoría de países europeos la proporción de mujeres en esos cargos aumentó considerablemente. Aquí el cambio no ha ocurrido y la izquierda no ha hecho nada sustancial para que eso ocurra.

Rodolfo defendió a su partido diciendo que la selección de una mujer como candidata presidencial era muestra de su compromiso con el tema. A mí esta candidatura me sabe a tokenism: una falsa integración y promoción de una minoría. Luego de que los candidatos entreguen sus cuentas al Consejo Nacional Electoral, me atrevo a conjeturar que el promedio de contribuciones recibidas por las candidatas al Senado y a la Cámara del Polo será menor, sustancialmente menor, que el promedio de las contribuciones recibidas por los candidatos de ese partido. Desde luego, las cosas no son distintas en los otros partidos, pero los otros partidos no pregonan ningún compromiso con la igualdad, como si lo hace el Polo Democrático Alternativo.
En estas elecciones, mi decepción con la izquierda es profunda. Yo no sé si sus dirigentes dan por descontado que gente como yo votará por alguno de sus candidatos en estas elecciones. Si así fuera, quisiera decirles que están muy equivocados. Me parece que su liderazgo no está a la altura de las tareas que tienen que realizar. Una izquierda que debería estar comprometida en la teoría y en la práctica con la igualdad de oportunidades reproduce las mismas prácticas clientelistas de los partidos tradicionales.

Creo que conviene enviarles una señal muy fuerte de rechazo a quienes se presentan como candidatos de izquierda por sus inconsistencias y eso se hace votando en blanco. Ese voto sirve además para darle un mensaje fuerte de castigo a una clase política que le ha fallado al país en todas las coyunturas críticas. Basta con mencionar su silencio frente a los graves fenómenos de violencia que han ocurrido y que siguen ocurriendo, así como a su desconexión con los problemas de muchos colombianos, desconexión que quedó en evidencia el año pasado durante el Paro Agrario.

Por mandato constitucional, si el voto en blanco obtuviera la mayoría absoluta en las próximas elecciones, se repetirían los comicios. Hasta ahora no ha habido ningún debate entre los cabezas de lista en el cual queden en evidencia las diferencias programáticas que existan entre sus colectividades. Con el triunfo del voto en blanco podríamos por lo menos exigir un debate como ese y obligar a los políticos a tomar nota del profundo rechazo que inspira su mediocridad.
Si el voto en blanco no alcanza esa mayoría, si ni siquiera supera en votación al tercer partido más votado, ¿habremos perdido nuestro voto? No lo creo. Aunque se resista a ello, la clase política tendrá que tomar nota del movimiento de ciudadanos que estamos inconformes con su pobre gestión.
Hasta cierto punto, se trata de un problema que desborda a los políticos. La democracia representativa está en crisis. Quien vea el mapa de las protestas ciudadanas en la última década, se dará cuenta de que el problema es general. Creo que todos los intentos por resolver la cuadratura del círculo – cómo conciliar la igualdad política con la desigualdad económica –que se han ensayado hasta ahora han fallado. Aquí en Colombia, sin embargo, nuestra clase política ha contribuido a acendrar la gravedad de la situación. Por eso creo que conviene votar en blanco.


También conviene hacerlo para calentar motores de cara a las presidenciales. La fallida reforma a la educación, la inequitativa reforma tributaria, la todavía no aprobada y nada auspiciosa reforma a la salud, la falta de compromiso con la defensa del medio ambiente y de nuestros recursos naturales son una lista demasiada larga de fallas del actual gobierno para que le demos al Presidente Santos la posibilidad de que se reelija. Mucho menos ahora que ha hecho llave con alguien que confirma que la política en Colombia se ha vuelto un privilegio hereditario”.
Todos estos nombres huelen a patria muerta y si nosotros, no tomamos la iniciativa de sacarlos del poder, con el voto en blanco, Colombia seguirá herida de muerte, y morirá, con esta peligrosa bacteria.
¿Qué es un voto en blanco?
El voto es blanco significa, que quieres participar, como miembro activo de la democracia y tu voto cuenta en una columna especial, como si fuera un partido político que no tiene identidad, porque estás diciendo, que no te identificas con ningún candidato, pero que quieres manifestar, que eres un miembro importante, entre los ciudadanos de tu país; pero lo más importante, es que tu voto se puede contar, para fijar la Berrera electoral.

¿Qué es la barrera electoral?
Un mínimo exigido a todos los partidos para entrar en el reparto de escaños en cada circunscripción. Su naturaleza es variable. En el caso de las elecciones generales, la cantidad de votos en blanco, hace parte de los votos válidos y en ella se fija el porcentaje mínimo que una colectividad política debe tener, para conseguir escaños en las corporaciones públicas. Cualquier partido que desee obtener representación parlamentaria en una circunscripción, debe obtener obligatoriamente más del porcentaje de votos, que ordene la berrera electoral.
En primer lugar, su finalidad es favorecer la presencia de partidos con amplia representación, capaces de obtener mayorías estables, en una corporación pública.
¿Qué diferencia hay con el voto nulo?
Una fundamental: el voto nulo no tiene validez. No se suma, no se tiene en cuenta en el proceso descrito antes. De modo que, al contrario que el blanco, ni aumenta ni disminuye la barrera electoral. No perjudica o beneficia a nadie. Son nulos todos aquellos votos que incluyan una papeleta electoral no oficial, que incluyan más de una papeleta, o aquellas en las que haya inscripciones de algún tipo. La introducción de otros objetos en el sobre también computa como voto nulo.
¿Y qué hay de la abstención?
Es la última de las tres opciones para todos aquellos electores indecisos que no quieren dar su voto a ninguna fuerza política.
El procedimiento es simple: se trata de no ir a votar. 
Obedece a diversos motivos: desinterés, descreimiento, o imposibilidad física de acudir al colegio electoral (por un viaje), entre otros muchos.
Al igual que el voto en blanco, se tiende a teorizar sobre sus beneficiarios y sus perjudicados.
Su efecto es difícil de medir.
En última instancia, la abstención perjudica al votante que la ejerce (sus preferencias son pasadas por alto) y beneficia a los políticos, que no deben tener en cuenta las causas que tiene para no votar.
Quedan todos cordialmente invitados a votar en blanco en las próximas elecciones, pero esto se debe aplicar en las presidenciales, en las de cuerpos colegiados, en las de los alcaldes y todas aquellas que debamos resolver, sobre la clase política desgastada, que tenemos en Colombia.
Recuerden que el año próximo vamos a elegir presidente y los miembros de las corporaciones públicas.
1. Voto en blanco porque participo con el voto popular, ya que si no lo hago le facilito el camino a todos esos políticos corruptos.
2. Es una manera de desobediencia civil donde demuestro que no estoy de acuerdo con esa forma de administración.
3. Porque tengo dignidad como persona, ya que no permito que se sigan burlando de mí y demuestro que ninguno de los candidatos me sirve como representante.
4. Voto en blanco porque no vivo de los políticos; lo que me he ganado ha sido trabajando y no necesito de sus favores.
5. Voto en blanco para que, algún día, todas las personas entiendan que unidos y sin violencia podemos cambiar el mundo.
6. Es mentira que el voto el blanco se le sume a alguno de los candidatos. Este es independiente, se suma como uno solo y así se queda.
7. Si el voto en blanco llega a ser mayoría, tienen que repetir las elecciones con candidatos diferentes.

Analicen con mucha calma y con todo el tiempo que necesiten, el gráfico que voy a mostrar, para que puedan establecer las comparaciones necesarias, con el fin de que puedan tomar una buena decisión ,para votar.

Sopetrán, Septiembre 24 del 2017.
Darío Sevillano Álvarez.

1 comentario :

  1. Un profundo análisis, Darío, por el que te felicito. Mi abrazo.

    ResponderEliminar